Algunas buenas, algunas no tanto… y muchas que parecen buenas hasta que chocan con la realidad.
Si estás pensando en emprender —o ya arrancaste medio a los ponchazos— este artículo es para que frenes un segundo y te hagas las preguntas correctas antes de invertir tiempo, plata y energía al pedo.
Primera verdad incómoda: tu idea no importa tanto
Podés tener la idea más brillante del mundo, pero si no resuelve un problema real o nadie la valora, no es un negocio: es un hobby caro.
Así que el primer filtro es brutal y simple:
¿Quién pagaría por esto? (persona real, no imaginaria)
Pensá en una persona concreta:
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¿Qué edad tiene?
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¿Qué le duele hoy?
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¿Qué ya está pagando para resolver ese problema?
Si no podés identificar a esa persona, todavía no estás listo para vender.
Probá en chico, rápido y barato
No. Al revés.
Probá la idea en versión mínima:
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Una publicación
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Un mensaje
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Una charla
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Una preventa
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Un servicio ofrecido a pocos conocidos
La validación no viene del entusiasmo de tus amigos, viene de alguien que saca la billetera.
Hacé números simples (sin engañarte)
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¿Cuánto cuesta producir o brindar esto?
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¿A cuánto lo podrías vender?
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¿Cuántas veces al mes podrías hacerlo?
Si los números no cierran en una cuenta básica, no van a cerrar mágicamente más adelante.
Escuchá más de lo que hablás
Cuando probás tu idea, escuchá:
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Objeciones
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Dudas
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Silencios
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Preguntas raras
Muchas veces la idea original cambia… y eso está perfecto. Adaptarse no es fracasar, es aprender rápido.
No esperes seguridad total
Si hacés eso, incluso una idea que no funcione te deja experiencia, datos y claridad para la próxima.

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