¿Cuánto vale tu tiempo?
Y no, no es una pregunta filosófica. Es una cuenta básica que, si no la hacés, te puede arruinar un negocio que en apariencia “funciona”.
El autoengaño más común
Son frases típicas cuando arrancamos algo propio. El problema es que esas excusas se transforman rápido en una costumbre: trabajar mucho y cobrar poco.
Cuando no valorás tu tiempo, el negocio se apoya solo en tu esfuerzo. Y eso no escala.
Trabajar mucho no es lo mismo que ganar bien
Conozco emprendedores que trabajan 10 o 12 horas por día… y ganan menos que cuando eran empleados.
No porque la idea sea mala, sino porque nunca hicieron esta cuenta simple:
-
¿Cuántas horas reales le dedicás al emprendimiento?
-
¿Cuánto entra por mes?
-
¿Cuánto te queda limpio?
Dividí una cosa por la otra. Ese número —aunque incomode— es el valor actual de tu hora.
Ponerle precio a tu tiempo te vuelve profesional
Valorar tu tiempo no te hace egoísta ni ambicioso. Te hace responsable.
Cuando sabés cuánto vale tu hora:
-
Empezás a elegir mejor los trabajos
-
Dejás de aceptar precios que no cierran
-
Buscás formas de hacer lo mismo en menos tiempo
-
Entendés dónde está el cuello de botella
El tiempo es finito. La plata se puede ajustar; las horas no.
Un ejercicio simple para empezar
No necesitás planillas complejas ni fórmulas raras:
-
Anotá cuántas horas trabajás por semana en tu emprendimiento
-
Anotá cuánto ganás por mes con eso
-
Hacé la cuenta
Ese número no define tu valor como persona. Define desde dónde estás partiendo.
Pensar el negocio con la cabeza, no solo con ganas
Muchos emprendimientos se caen no por falta de clientes, sino por agotamiento. Y el agotamiento viene de no poner límites, especialmente al tiempo.
Cuando empezás a medirlo, algo cambia: dejás de improvisar y empezás a construir.
Esta semana, hacé un cálculo real de cuánto vale tu hora. No para castigarte, sino para tomar mejores decisiones.

Comentarios
Publicar un comentario