Empieza mucho antes, en algo mucho más simple: prestar atención.
Atención a cómo comprás, por qué elegís una cosa y no otra, qué te hace dudar y qué te hace sacar la billetera sin pensarlo demasiado.
Si sos emprendedor —o querés serlo—, sos tu primer caso de estudio.
No sos tan racional como pensás
Compramos por confianza, por comodidad, por miedo a equivocarnos, por cansancio, por hábito. Y muchas veces, por una mezcla de todo eso.
Entender esto cambia la forma en la que pensás tu propio negocio.
Observate como si fueras otro cliente
La próxima vez que compres algo, frená un segundo y preguntate:
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¿Qué me hizo elegir esto?
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¿Qué duda tuve antes de pagar?
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¿Qué me dio tranquilidad?
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¿Qué me molestó del proceso?
No es curiosidad: es información pura. Y gratis.
Ahí entendés cosas que ningún curso de marketing te explica tan claro.
Lo que vos sentís, también lo siente tu cliente
Muchos emprendimientos fallan porque se piensa al cliente como “otro”, cuando en realidad sos bastante parecido.
Mirar sin juzgar, aprender sin copiar
Un puesto en una feria, una vidriera, una tienda online simple… todo es una clase abierta si mirás con ojos de emprendedor.
La diferencia no está en tener más información, sino en usar la que ya tenés.
Empezar el año con una habilidad clave
Pero la capacidad de observar, escuchar y entender por qué la gente compra —incluyéndote— es una de las habilidades más valiosas que podés desarrollar.
Y no cuesta plata. Solo atención.

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