Pero pocos se toman el tiempo de mirar bien para atrás.
Y ahí hay un error.
Porque el año que pasó es una fuente enorme de información, sobre vos, tus decisiones y tu forma de encarar el trabajo y el dinero.
Si no lo revisás, lo repetís.
No fue un año bueno o malo: fue un año con datos
Sacá la idea de “año perdido” o “año exitoso”.
Pensá en términos más útiles: ¿qué pasó realmente?
-
¿Qué intentaste y no funcionó?
-
¿Qué funcionó mejor de lo esperado?
-
¿Qué postergaste todo el año?
-
¿Qué te drenó energía sin darte resultados?
Eso no es balance emocional. Es análisis práctico.
Emprender también es aprender sobre uno mismo
Muchos problemas del emprendimiento no son técnicos:
-
no es la herramienta
-
no es el precio
-
no es el mercado
Son decisiones que repetimos sin darnos cuenta:
-
decir que sí a todo
-
no poner límites
-
no medir
-
no frenar a tiempo
Revisar el año te ayuda a detectar esos patrones.
Qué vale la pena repetir (y qué no)
Un ejercicio simple:
-
Tres cosas que volverías a hacer
-
Tres cosas que no repetirías
-
Una cosa que te animarías a cambiar
No más.
La claridad no viene de listas infinitas, sino de decisiones concretas.
Menos promesas, más dirección
No hace falta un plan gigante.
Hace falta una dirección razonable.
Emprender no es correr más rápido, es correr mejor. Y eso se logra entendiendo qué te dio resultados y qué solo te ocupó tiempo.
Arrancar con intención
Usar lo aprendido no es castigarte por errores pasados.
Es respetar el tiempo que ya invertiste.
Cada intento, incluso los que no salieron bien, te dejó información valiosa. La diferencia está en si la usás o la dejás pasar.
Cerrá el año escribiendo qué te dio y qué aprendiste. Arrancar con claridad vale más que arrancar con entusiasmo vacío.

Comentarios
Publicar un comentario