Precio, valor y por qué la mayoría de los emprendedores cobran mal

Hay una confusión letal en el mundo de los negocios y los emprendimientos, una trampa en la que caen casi todos los que arrancan: confundir lo que las cosas cuestan con lo que las cosas valen.

Vamos a separarlo de entrada para que no queden dudas: el precio es el número que le ponés a lo que hacés; es lo que el cliente saca de su billetera. El valor, en cambio, es lo que el cliente siente que se lleva a su casa. Si siente que el valor es mayor que el precio, te compra con una sonrisa. Si siente que es menor, te dice la frase letal: "sos caro".

El error de cobrar por transpirar Acá está el desvío más grande que tenés que corregir si querés que tu negocio funcione. La mayoría de los emprendedores fijan sus precios mirando su propio ombligo. Agarran una calculadora, suman lo que les costó la materia prima, le suman las horas que le dedicaron, le agregan un 30% de "ganancia" y le pegan la etiqueta.

Eso es tener mentalidad de empleado de fábrica. Es creer que te pagan por tu esfuerzo o por tu tiempo.

A tu cliente no le importa cuánto transpiraste. No le importa si estuviste tres noches sin dormir o si los materiales los trajiste de China. Al cliente solo le importa una cosa: la transformación o el alivio que tu producto o servicio le genera en su propia vida.

Nadie compra tu costo, compran su solución Si a un empresario le resolvés un problema contable o estratégico que le estaba haciendo perder un millón de pesos por mes, y a vos te tomó solo una hora darle la solución... ¿le vas a cobrar dos mangos porque "te costó poco"? ¡Por supuesto que no! Ese empresario no está comprando sesenta minutos de tu tiempo, está comprando el millón de pesos que va a dejar de perder. El valor está en su bolsillo, no en tu reloj.

Cobrar bien significa entender profundamente qué dolor le estás sacando de encima al otro o qué deseo le estás cumpliendo. Si lo que vendés le ahorra tiempo, le hace ganar estatus, le da tranquilidad mental o le multiplica sus propios ingresos, el precio tiene que reflejar esa transformación.

El desafío de hoy Dejá de mirar tu hoja de costos por un rato y empezá a mirar la vida de tu cliente. Cuando alguien te compra, ¿qué es lo que realmente se está llevando?

Revisá tus precios hoy mismo. Si los calculaste pensando en cuánto te costó a vos en lugar de cuánto le suma al otro, estás dejando plata en la mesa y, lo que es peor, estás subestimando el verdadero valor de lo que hacés.

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