Y ojo, tampoco faltan los teóricos y políticos que te intentan vender espejitos de colores hablando de "inflación multicausal", "inflación estructural" o "inflación por costos". Te dicen que los precios suben por la famosa "puja distributiva" o porque subió la energía. Pura sarasa que la historia y los datos ya se cansaron de refutar. Son excusas armadas con palabras lindas para no admitir la verdadera causa.
Si quedan dudas, miremos la historia:
Israel es el ejemplo de lo que pasa cuando sí emitís: llegaron a una inflación de más del 400% anual a mediados de los 80, y la cortaron abruptamente con un plan de estabilización que incluyó déficit cero.
Japón es el ejemplo de lo que pasa cuando no emitís en exceso: décadas con inflación casi nula o deflación, independientemente de shocks de costos externos.
La economía no funciona por caprichos ni por múltiples causas misteriosas. La inflación no es un accidente, tiene una explicación técnica y matemática muy concreta: la Teoría Cuantitativa del Dinero.
La ecuación es simple. Imaginate que de un día para el otro, en Salta empieza a circular el doble de billetes, pero la cantidad de empanadas, sillas, horas de servicio y autos que producimos sigue siendo exactamente la misma. ¿Qué creés que va a pasar? Los precios van a subir. No es magia, es una sobredosis de pesos persiguiendo la misma cantidad de bienes.
Pensalo como si fuera un ataque DDoS (denegación de servicios) a un servidor. Si a un servidor que tiene una capacidad de procesamiento fija (los bienes reales que produce el país) le inyectás millones de peticiones falsas de golpe (billetes impresos sin respaldo en la economía real), el sistema colapsa. Se satura, los tiempos de respuesta se van a las nubes y deja de funcionar.
En la economía, ese colapso del sistema es la inflación. Los precios no son otra cosa que un sistema de información, y cuando emitís dinero sin respaldo, rompés esa red.
Por eso, ver la inflación como el simple "aumento de precios" es mirar el síntoma y no la enfermedad. La fiebre no es la infección. El problema de fondo es intentar financiar un déficit crónico dándole a la maquinita. En el fondo, la inflación es el impuesto más perverso de todos: uno que no se legisla, que castiga al que menos tiene y que sirve para tapar el agujero de lo que se gasta de más.
El desafío que nos queda pensar es este: si la solución técnica es tan simple como dejar de emitir billetes por encima de lo que crece la economía, ¿por qué cuesta tanto hacerlo?
La respuesta incomoda: porque apagar la maquinita implica cortar gastos o subir impuestos de frente, asumiendo el costo político. Inventar teorías de "múltiples causas" y echarle la culpa al resto, al final del día, termina siendo la salida cobarde.
¿Qué pensás vos? Dejá tu comentario y lo debatimos.

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