Las cosas no valen por lo que cuestan: la Teoría del Valor Subjetivo

Seguro escuchaste mil veces a alguien justificar un precio diciendo: "lo cobro caro porque me llevó mucho trabajo". Bueno, lamento derribar el mito, pero en economía eso no tiene ningún sentido. El esfuerzo, las horas de sudor y los costos de los materiales no determinan el precio de nada.

El mito del costo de producción

La idea de que el valor viene del "costo de producción" es un error viejo que todavía nos arrastra. Pensemos en esto: si te pasás 100 horas tallando un tronco de madera para hacer una escultura de un mosquito gigante y nadie la quiere, esa escultura vale cero.

No importa que te hayas llagado las manos o que la madera sea de primer nivel; si no hay alguien que la valore, el valor económico no existe. El valor no es algo mágico que "está" dentro del objeto. El valor nace pura y exclusivamente en la mente del que mira, del que necesita, del que desea.

La Revolución Marginalista

A fines del siglo XIX, economistas como Carl Menger y William Stanley Jevons se dieron cuenta de algo que parece obvio pero fue revolucionario: las cosas valen porque son útiles y porque son escasas para alguien, en un momento determinado.

Esto explica la famosa paradoja del agua y los diamantes:

  • El agua es absolutamente vital para sobrevivir, pero como en general es abundante, la valoramos muy poco en el día a día (su precio es bajo).

  • Los diamantes no sirven para casi nada esencial, pero como son extremadamente escasos y la gente los desea por estatus o belleza, valen fortunas.

Ahora, cambiemos el contexto: imaginate perdido tres días en el medio del desierto del Sahara sin una gota de líquido. ¿Qué vale más ahí? ¿Un diamante de 5 quilates o un bidón de agua tibia? El objeto es exactamente el mismo, lo que cambió drásticamente es la necesidad de la persona. Eso es el valor subjetivo.

La lección para el día a día

Entender esto te cambia la perspectiva. Si vendés un producto, un servicio, o estás negociando tu sueldo, dejá de contarle al mundo cuántas horas estuviste sufriendo frente a la computadora o en el taller. Al mercado no le importa tu sacrificio; le importa cómo lo que vos hacés soluciona un problema.

Las cosas no valen por el sudor de tu frente. Valen por el beneficio que el otro percibe.

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