Esto que parece tan obvio en la calle, a veces se nos olvida a la hora de tomar decisiones económicas. Caemos en lo que la economía conductual llama la Ilusión Monetaria.
Es una falla de nuestro cerebro: la tendencia a pensar en el dinero por su valor nominal (el número que está impreso en el billete o en la pantalla del home banking) en lugar de pensar en su valor real (su poder adquisitivo, es decir, la cantidad de cosas que podés comprar con él).
La trampa del aumento de sueldo
El ejemplo más clásico de la ilusión monetaria pasa en las negociaciones salariales. Imaginate que a fin de año te dan un aumento de sueldo del 40%. Numéricamente, ves más plata en tu cuenta sueldo. Tu cerebro procesa el número más grande y libera dopamina. Sentís que progresaste y hasta te das el lujo de salir a festejar.
Pero las cosas como son: si en ese mismo período la inflación fue del 60%, ese aumento es una mentira. Estás cobrando "más", pero podés comprar menos cosas que el año pasado. Tu poder adquisitivo cayó un 20%. Sin embargo, por culpa de la ilusión monetaria, mucha gente se queda tranquila porque "le aumentaron", sin darse cuenta de que el costo de vida se los comió crudos.
Nuestro cerebro es vago y le gusta la simplicidad de comparar el número de hoy con el número de ayer, en lugar de hacer el cálculo de qué significa realmente esa plata en el supermercado.
El error de no actualizar tus honorarios
Si sos un profesional independiente o tenés un negocio, esta ilusión te puede fundir sin que te des cuenta.
Muchos profesionales tienen miedo de subir sus precios para no espantar clientes. Mantienen sus honorarios "congelados" o hacen ajustes mínimos, convenciéndose de que mientras sigan entrando los mismos billetes mes a mes, el negocio se mantiene a flote.
Falso. Si cobrás la misma cantidad de billetes que hace seis meses, estás ganando menos plata. Punto. Le estás cobrando más barato a tu cliente y estás asumiendo vos el costo de la inflación.
Dejá de mirar el número, mirá el valor
La economía no se trata de apilar papeles de colores con números grandes. Se trata del valor que esos papeles representan.
Para romper esta ilusión, tenés que obligar a tu cabeza a pensar en poder adquisitivo. Cuando negocies un contrato, fijes un precio o mires tu sueldo, no te preguntes cuántos billetes estás ganando. Preguntate: ¿cuántas cosas puedo comprar hoy con esto, comparado con lo que podía comprar ayer?
Dejá que los demás festejen los espejismos de la ilusión monetaria. Vos manejate con el valor real.

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